[por Rubén Uría]
Cuenta la leyenda que la paternidad del gol olímpico, del tanto directo desde el saque de esquina, pertenece a un argentino, Cesáreo Onzari. Su gran gesta acaeció en octubre de 1924, en un amistoso entre Uruguay y Argentina, y la sorpresa de los treinta mil aficionados fue mayúscula. El wing izquierdo de Huracán lanzó desde el córner con tanta colocación y precisión que la pelota se coló como una exhalación por el primer palo. Después de la hazaña de Onzari, muchos han sido los futbolistas que han dominado la suerte del gol olímpico. El irlandés Steve Staunton anotó cinco goles de esa guisa - dos en partidos internacionales-, el inglés Peter Beagrie fue otro consumado especialista en sorprender desde la esquina y un argentino, Juan Román Riquelme, fabricó tres goles desde el córner en su periplo en Villarreal. Otro nombre propio, quizá el más famoso, capaz de convertirse en la pesadilla de cualquier portero si se bota un córner, es el británico David Beckham. Del pie de seda de Becks suelen salir misiles teledirigidos, auténticas “bananas”, que acababan en goles tan hermosos como, en principio, imposibles. Sin embargo, en la década de los cincuenta, un chico de Belfast, un tal Charlie Tully, se destapaba no sólo como el mejor especialista de la historia, sino como el ídolo de la hinchada del Celtic de Glasgow. No en vano, según el relato de prestigiosos periodistas de la época, los saques de esquina de Tully eran tan peligrosos para los porteros que, cuando el árbitro señalaba córner a favor del Celtic, toda la hinchada gritaba gol antes de tiempo. De hecho, la fama de Charlie Tully, “el francotirador de Belfast”, fue tan grande que se convirtió en el primer futbolista mediático del Reino Unido. Las tiendas comercializaron un helado de crema verde con su nombre, los pubs patentaron un cocktail especial llamado “Charlie” y en los grandes almacenes se podían comprar balones de fútbol profesional con la firma de Charlie. En los primeros años de la década de los cincuenta, Glasgow era una ciudad poseída por la “Tullymanía”, que invadía tiendas de comestibles, bares y restaurantes. De hecho, la popularidad de Tully llegó a ser tan grande que, cuando Su Santidad El Papa visitó las calles de Glasgow, un chiste recorrió las calles de la ciudad y se hizo muy popular. Los hinchas del Celtic, irónicos, se preguntaban: “¿Quién es ese tipo de blanco que está al lado de Charlie Tully?“. Leer el resto de esta entrada »

















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