La noche que Manchester y Chelsea jugaron a la ruleta rusa en Moscú

21 05 2008

[por Rubén Uría]

En Estados Unidos, Beyoncé Knowles resulta demasiado famosa para Dios. El motivo, que el cuerpo escultural de la reina de las curvas se ha visto obligada a dejar de ir a misa debido al acoso de sus fieles durante los sermones. Paradojas de la vida, en la otra punta del mundo, en Rusia, Manchester United y Chelsea han implorado favor divino para alcanzar el Reino de los Cielos. Los Diablos Rojos alimentaban su ilusión aferrados a su mística, su leyenda, su trágica historia de Munich y su inagotable fábrica de talentos producto de su cantera. Los blues dejaban volar su sueño apoyados en la Torre de Babel del petrodólar, sensibles al color del dinero, al calor del nuevo rico, del barrio pijo, del glamour y de una filosofía de fútbol que prioriza la cartera en perjuicio de la cantera. Manchester y Chelsea, tan unidos como separados, tan cerca y tan lejos, se disputaban la corona del cetro europeo. A los Diablos Rojos y los blues les une su condición de británicos, su heráldica, sus ídolos borrachines y geniales (Best, Law, Osgood, Cooke) y sus fogosas hinchadas. Claro, que les separa un profundo y kilométrico mar de ideas en torno a sus principios futbolísticos. El Chelsea no quiere el balón, escoge triturar huesos en el centro del campo y practica un fútbol directo que acaba por ser una máquina de picar carne. El Manchester entiende el fútbol como la carga de la brigada ligera, como una descarga de electricidad, como un torrente de emociones, como una apuesta por la aventura. Bajo esas claves históricas, ese guión futbolístico, sin Mourinho y un escenario casero para Abramovich, Moscú, Manchester y Chelsea entraron en los libros de historia esta noche. Si la memoria es el recurso de los tontos, red devils y blues han escrito una de las páginas más bellas de este deporte. En la primera final inglesa de la historia, Chelsea y Manchester, Manchester y Chelsea, han dado todo lo que tenían para levantar la Champions. Lo han hecho diez años y un día después de que Mijatovic despertara al Real Madrid de su letargo y se dejara de hablar de las Copas en blanco y negro. Lo han hecho dieciséis años y un día después de que Koeman gritara al viento en Wembley, para que el Barcelona alzara su Primera. Esta noche, ningún aficionado al fútbol olvidará lo que pasó en el césped del coliseo de hormigón del Luzhniki. En una de las finales más intensas, épicas y heroicas de la historia, Manchester y Chelsea han subido al planeta en una montaña rusa de emociones. La final la ganó el United en una tanda de penaltis que jugó con los corazones de medio mundo. En esta ocasión, se debieron haber entregado dos Copas de Europa. Leer el resto de esta entrada »