En el nombre de Kalusha Bwalya
12 03 2008[por Rubén Uría] [Foto: View Images]
Septiembre de 1988, ciudad de Chonju, Corea del Sur. Juegos Olímpicos de verano, torneo de fútbol, primera fase. La potente selección de Italia es la clara favorita a la medalla de oro. Entre sus jugadores destacan Steffano Tacconni, Pier Paolo Virdis, Ciro Ferrara, Alberigo Evani o Andrea Carnevale. Su rival es una víctima propicia del Tercer Mundo, la desconocida Zambia, que sale al campo con una camiseta naranja, abutanada, tan chillona como incómoda de ver. El paso de los minutos empieza a pintar un panorama sonrojante para Italia. Zambia es una locomotora humana en el centro del campo, recupera todos los balones y estrecha el cerco sobre la portería transalpina. El estadio de Chonju se frota los ojos cuando los africanos disparan al poste. Italia acaba reducida a cenizas y cae estrepitosamente goleada por 4 a 0. Era un baño inapelable de los Chabala, Watiyakeni, Chansa o Makinka, dirigidos desde el banquillo por el revolucionario técnico Alex Chola. Los zambianos tenían un gran equipo, sí, pero aquella tarde, un desconocido había brillado por encima de todos los demás futbolistas. Aquella tarde, en una exhibición que quedó grabada en los anales del fútbol, un misil humano, un leopardo moreno, un diablo omnipotente, una sombra que emergía desde cualquier posición, había humillado a Italia. Había anotado un hat-trick, todo el estadio se había puesto en pie para corear su nombre y el portero italiano acabó por aplaudirle en su último tanto. Los comentaristas europeos, que no sabían pronunciar su nombre de guerra, y que no salían de su asombro con aquel delantero, sólo acertaban a preguntarse…
- ¿De dónde ha salido este tal Kalusha Bwalya?
Hijo del hambre de África, Kalusha Bwalya era uno de los secretos mejor guardados del fútbol del África negra. Nacido en la más absoluta pobreza, Kalusha Bwalya creció en la barriada de Mufulira Male, donde desde niño destacaba por tener unas cualidades atléticas soberbias. Su primer equipo fue el Mufulira Blackpool, el conjunto del barrio, y en sólo un año consiguió que el equipo más importante de todo el país, el Mufulira Wanderers, le fichara. Era 1980, y el joven Kalusha sólo tenía 19 años. Allí descubrió que había que levantar la cabeza para encontrar a los compañeros, que había que pasar el balón a los demás y que existía algo llamado equipo. A cambio, Bwalya enseñó a sus compañeros cómo había que disparar con la zurda, cómo había que rematar de cabeza con potencia y cómo había que trazar desmarques para sorprender en los contragolpes, porque aquel chico era, con espacio, un leopardo imparable. Así lo entendió el fútbol belga cuando el Círculo de Brujas, a través de un video, lo fichó por 25.000 dólares americanos. En Flandes le llegaría la fama internacional como delantero con instinto, y su nombre empezaría a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación. Fue Jugador del Año en Africa, tercero en el Balón de Oro africano y fue nominado como uno de los mejores futbolistas del año por France Football.
Fue entonces cuando, espoleado por su formidable actuación ante Italia en los Juegos Olímpicos, el PSV Eindhoven, un gran de Europa, apostaba por su contratación. En el equipo de la Philips cuajaría grandes temporadas, ocupando un lugar entre los mejores goleadores. Allí jugó junto a genios como el gigante Wim Kieft, o con superdotados como Romario, con los que formó una delantera explosiva. Después, llegaría uno de los giros más curiosos y extraños de su vida deportiva. Recibió una llamada telefónica de un viejo zorro de los banquillos, el holandés Leo Beenhacker - ex del Real Madrid-, que estaba probando fortuna en la Liga de Mexico. Había visto la potencia extraordinaria de Kalusha Bwalya y quería contar con él. Dicho y hecho. Bwalya, el hijo de Zambia, pasó a ser un cuate más en la corte de un holandés. Y pronto, muy pronto, explotaría en Mexico como un goleador de primer orden, hasta el punto de que se convertiría en la estrella del América de Mexico. Del fútbol de Bwalya en Mexico, su gran valedor, Beenhacker, llegaría a decir lo siguiente:
- Hablan de Weah. Escucho cosas sobre Yeboah. Me cuentan goles de Yekini. Nada que ver con Kalusha. Sin duda, Bwalya es el mejor delantero africano de todos los tiempos.
Con Bwalya como referente, Zambia había llegado a cuartos de final en Seúl 1988, empatando con Iraq, goleando a Italia y Guatemala y cayendo ante Alemania, y los expertos vaticinaban que los zambianos podrían ser una alternativa de poder en los futuros Mundiales. No fue, ni mucho menos, así. El destino les tenía preparada una jugada inesperada. El 27 de abril de 1993, la selección de Zambia, la gran esperanza africana, se encontraba preparando la Copa de África en Mauricio. La expedición debía coger un avión en Libreville, Gabón, con destino a Senegal. Allí, los oranges de Zambia debían sellar su billete para la Copa del Mundo de Estados Unidos. Era una cita importante para el fútbol de Zambia, y el seleccionador decidió llevarse para ese partido a todas sus estrellas. Sin embargo, el mejor jugador del Africa negra en los ochenta, no estaba en aquel avión. Kalusha Bwalya se había lesionado de cierta gravedad. A pesar de que insistió en viajar con el resto del grupo, y que de que llegó casi a las manos con su entrenador para formar parte de la expedición, Bwalya se quedó en tierra. No estaba en condiciones físicas, y a pesar de que Zambia era un equipo diferente si su talento, el entrenador hizo valer su criterio. Bwalya nunca llegó a coger ese avión con el resto de sus compañeros. Todo, por una maldita lesión. Una lesión que, caprichos del destino, acabó por salvarle la vida.
En la medianoche del 28 de abril, el avión de las fuerzas aéreas que transportaba a la selección nacional de Zambia comenzó a hacer ruidos extraños, pero nadie pareció darle excesiva importancia a aquello. Minutos después, la tripulación se dio cuenta de que se había incendiado uno de sus motores y, de forma repentina, el aparato se precipitó al vacío cayendo, en picado, al océano. El avión, que había realizado una parada en Libreville para repostar combustible, se estrellaba contra las revueltas aguas del vasto Atlántico. A bordo de aquel vuelo viajaban el grueso de la selección de Zambia, integrada por 30 personas, 24 futbolistas y seis miembros del cuerpo técnico. Las treinta perdieron la vida en aquel trágico e inexplicable accidente. Después de unas diez horas, Kalusha Bwalya encendió la radio para saber la última hora del partido de su selección, y en su lugar, se encontró la última hora del horror de sus compañeros. Habían muerto absolutamente todos, menos él. Su lesión le había salvado la vida. Después de un funeral digno de un Jefe de Estado, en memoria de los caídos, la Federación de Zambia decidió reconstruír su selección de la nada, y pidieron consejo a su gran estrella, Bwalya, que estaba destrozado por la irreparable pérdida de compañeros y amigos. Después de una semana de sufrimiento, Kalusha Bwalya accedió a ser el pilar básico de la nueva Zambia, y se comprometió a recordar a sus compañeros hasta el final de su carrera futbolística. Lo hizo en una comparecencia pública estremecedora y emocionada:
- Así es la muerte, así es la vida. Ha muerto una parte de Zambia, pero está por llegar otra nueva Zambia. Lo fácil sería arrojar la toalla, no lo haremos. (…) Eso sí, jamás volveré a celebrar un gol, mis compañeros merecen ese silencio, esa oración por sus almas.
La nueva Zambia se aplicó en la complicada tarea de resurgir de sus cenizas, y Bwalya llevó la voz cantante. Primero rescató para su país a Johnson, su hermano, un buen futbolista, y después decidió reclutar a Charles Musonda, un musculoso moreno que jugaba en la liga belga. Con Bwalya como héroe, y ya con 32 años, Zambia firmó una de sus páginas de oro más brillantes en la Copa de Africa de Sudáfrica, donde cayó ante Túnez en semifinales, pero con la cabeza bien alta. Bwalya firmó un torneo sensacional y anotó cinco goles, con sus respectivos silencios para honrar la memoria de sus fallecidos compañeros de equipo. Eran años en los que el mítico Kalusha seguía ejerciendo su oficio de goleador en sitios tan remotos y diferentes como el Necaxa y el León, el Iraputo de Mexico o el Al Wahda de Emiratos Árabes Unidos, lugares donde, a pesar de que tuviera ciertas dificultades con el idioma, siempre encajó. En el año 2000, cuando ya había perdido casi toda su explosividad en carrera, Bwalya capitaneó a Zambia y jugó su último partido como internacional, en la Copa de África disputada en Nigeria. Se retiró sólo un año después, en un destino tan exótico como familiar para él, en Mexico. En las filas del Correcaminos, de la Segunda División. Tenía 37 años.
Sólo un año más tarde después de colgar las botas, Bwalya se dio cuenta de que llevaba el veneno del fútbol inoculado en la sangre, así que decidió abrirse paso como entrenador. Debutó en el modesto Potros de Marte, en su adorado Mexico, y llegó a ser seleccionador nacional de su país, Zambia, a la que no logró clasificar para el Mundial de Alemania en 2006.
En la actualidad, Kalusha Bwalya sigue siendo algo más que un futbolista en Zambia. Es un héroe para su país, un embajador del África negra en el resto del mundo y uno de los nombres propios que consiguieron golpear con un mazo a finales de los ochenta para que, de manera inesperada, la vieja Europa girara la cabeza para ver el talento enorme de sus hermanos pobres, los africanos. Junto a George Weah (Liberia), Roger Milla (Camerún) o Abedí Pelé (Ghana), el fútbol de Kalusha Bwalya marcó un antes y un después en todo un continente, África. Con Bwalya lloró medio mundo después de la tragedia aérea de Zambia en Senegal, y con Bwalya vibró medio mundo cuando en Seúl, en 1988, un delantero negro llamado Kalusha pasaba por encima de la todopoderosa Italia. A veces yunque, otras martillo, Zambia fue el país de la ilusión y de la decepción de todos loas africano. Su héroe fue Kalusha Bwalya, el delantero que se salvó de la muerte por una lesión. El mismo que voló sobre el nido del cuco, en el estadio coreano de Chonju, una calurosa tarde de 1988, para destrozar a la todopoderosa Italia. Bwalya fue el primer diablo zurdo del África negra.

















[...] unknown Escribio un articulo buenisimo hoyAqui hay un pedazo del articuloAllí, los oranges de Zambia debían sellar su billete para la Copa del Mundo de Estados Unidos. Era una cita importante para el fútbol de Zambia, y el seleccionador decidió llevarse para ese partido a todas sus estrellas. … Lea el resto de este fabuloso articulo here Posted in Uncategorized Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post. Post a comment or leave a trackback: Trackback URL. [...]
No conocía la tragedia aérea de la seleccion de Zambia, pero si habia oido hablar de que en los JJOO de 88 Zambia le habia metido mano a Italia, aunque no sabia tantos datos como aqui escribes.
Ya es una costumbre que te felicite por sus posts, así que a ver para cuándo escribes alguno que no me guste.
Un abrazo!
Con su participación en la última Copa África, yo tanmbién hablé de este punta de increíbles condiciones pero, sobre todo, del desastre zambiano en aquella desastrosa avioneta. Un saludo Rubén.
Ese Kalusha hizo soñar a Africa,al igual que Weah,muy buen post
Una petición Hacha: ¿Que tal uno de Nwakwo Kanu? El de Nigeria, iba para crack y al final no pudo ser…era un gran jugador
Kalusha Bwalya y Oman Biyik llegaron juntos al America de México, Kalusha jugo como 10 y Biyik como 9 y fue el mejor America en jugar futbol de todos los tiempos no gano campeonatos, pero hasta los mas acérrimos enemigos del America disfrutaban con su futbol y gran parte fue por Kalusha un enorme y magnificó jugador
Saludos
Sí que conocía el juego potente de Bwalya (mi hermano era un auténtico fan y le enviaré esta entrada ahora mismo) pero no la tragedia del equipo.
Se ve que era un grupo unido, y es otro de esos gestos (el de orar en sus goles) lo que nos demuestra lo que ha cambiado el fútbol.
Saludos
@ Lama
Pues enhorabuena a tu hermano, porque en mi caso, recordaba el partido después de haberlo visto por la televisión, y me quedé sorprendido de cómo machacaron a los italianos, que si mal no recuerdo, terminaron siendo medalla de bronce. Y sí, sí que ha cambiado el fútbol. Un abrazo!
@ Aga
Gracias por el apunte, que es muy bueno. Un abrazo y gracias por tu visita.
@ Roberto Ales
Tomo nota del asunto de Kanu, un pedazo de futbolista, sí señor. Tuvo problemas de corazón cuando estaba en el mejor momento de su carrera, y podía haber sido un gigante del fútbol. Un abrazo!
Hacha esta Kalusha marcó una historia en el america de Leo Benhaker, ahí jugaba Biyik y Cuahutemoc Blanco, esos tres mataban a todos los equipos mexicanos.
todavía recuerdo aquella tragedia y de ahí la afición del america le amó mucho más.
que gran post hacha.
estremecedor! voy a ver videos…conozco a weah, pelé, milla….pero a él no
saludos
por cierto Hacha el tipo de la foto del post no es Kalusha, una peculiaridad de su fisico es que su cabeza parece pegada al torso.
Muy grande Bwalya. Quizá un tanto desconocido por aquí, debido a su pronta marcha de las ligas europeas. Lo mismo que con Omam-Biyick, lo único que éste siempre será recordado por su gol a Argentina en 1990.
Creo que es de los mejores delanteros de la historia de África, pero sin duda Beenhacker exageraba con sus palabras. Al nivel del mejor Yekini estaba, pero no al de Weah, ni tampoco, me temo, al de Yeboah, sin duda el gran tapado de cuantos delanteros ha dado África en su historia.
El post muy bueno, pero dos cosas: como te comentan, me temo que el de la foto no es Bwalya, porque tiene la nuca distinta. Y otra: hasta donde sé Jonhson Bwalya no era hermano de Kalusha (aunque puedo estar equivocado).
Hola, soy el hermano de Lama. Me ha emocionado mucho el post. Bwalya y Doctor Khumalo fueron mis grandes ídolos africanos de mi infancia.
Aquí os dejo un enlace del partido Italia-Zambia del 88:
http://es.youtube.com/watch?v=4gPcgvGILqs
Un saludo
Mi historia de amor con un hombre negro.
http://sinblancaporelmundo.wordpress.com/2008/01/08/mi-amante-afrocaribeno/