La maldición del zurdo Arubinha

10 03 2008

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[por Rubén Uría]

Río de Janeiro, Navidad de 1937, 30 de diciembre. Para esa fecha tan señalada estaba previsto un partido entre el Vasco de Gama y el Andaraí, un equipo modesto del campeonato carioca. El partido debía disputarse por la noche pero, a lo largo de toda aquella mañana, llovía con tal intensidad que el campo comenzó a poblarse de charcos, y ya a mediodía, el terreno de juego parecía un lodazal. A nadie se le escapaba que en aquel encuentro el favorito era el Vasco, un grande de Brasil, y que al pobre Andaraí lo único que le esperaba era una goleada en toda regla. Sin embargo, a las nueve de la noche de aquel 30 de diciembre ocurrió algo inesperado. El Vasco no se presentó en el campo, y los jugadores del Andaraí eran los únicos que habían comparecido en el estadio. El árbitro, Haroldo Dias Motta, viendo que los vascaínos no daban señales de vida, se dirigió a los jugadores del conjunto rival y les dio dos opciones: O podían esperar hasta saber por qué se retrasaban los jugadores del Vasco, o podían ganar el encuentro ya que su rival no se había presentado a la hora indicada. La pelota estaba en el tejado del Andaraí, pero en sus filas había división de opiniones. Era un triunfo fácil e inesperado vencer a un grande de Brasil así, pero no tenía demasiado mérito y era mucho más deportivo aguantar hasta saber qué le había sucedido al equipo vascaíno. Fue entonces cuando comenzó a correr el rumor de que un coche que trasladaba a varios futbolistas del Vasco de Gama había sufrido un accidente, y que muchas de sus estrellas estaban en el hospital, recuperándose de sus heridas. Al enterarse del rumor, los jugadores del Andaraí, solidarios con sus colegas, decidieron que lo mejor era esperar a que los futbolistas sanos del Vasco hicieran acto de presencia, y a que el club blanquinegro encontrara algunos suplentes para poder completar un once y disputar el encuentro. El capitán del Andaraí no dudó un instante en su decisión:

- No queremos ganar así. Esperaremos al Vasco, ésta no es una cuestión de puntos. Si jugamos, sabemos que vamos a perder, pero jugar es lo honesto. Leer el resto de esta entrada »





Salapu, el samoano del Libro Guiness

10 03 2008

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[por Rubén Uría]

Podría haber sido un ciudadano común de Samoa Americana. Uno de esos tipos que trabajan a destajo en el mercado de exportación de atún, principal fuente de riqueza de su archipiélago, pero no. Podría haber sido fontanero, electricista o vendedor ambulante de esos que circulan por la capital, Pago-Pago, o incluso jugador de rugby, el deporte nacional de su país. Pero no, el morenito Nicky Salapu decidió hacer carrera como portero de fútbol. El 11 de abril de 2001, en Coffs Harbour, el bueno de Nicky pensó que había cometido una grave equivocación eligiendo esa manera de ganarse la vida. Esa tarde, Nicky fue el portero de su selección en el partido Australia-Samoa Americana, para la clasificación de la Copa del Mundo de 2002. En el Sydney Stadium, Australia ganó en la mayor goleada de la historia del fútbol, y Nicky Salapu vivió su peor pesadilla. Tuvo que recoger el balón de su portería en…31 ocasiones. Aquel día, Samo Americana entró en el Libro Guinness de los récords como la peor selección posible, y como el único equipo del mundo capaz de encajar la friolera de 31 goles en contra. El hombre que los encajó era Nicky Salapu, un aprendiz de portero que tenía 23 años. Después de sufrir aquella humillación, los futbolistas de Samoa Americana se hicieron famosos por su desastrosa selección, y volvieron a su país después de encabezar los informativos de deportes de todas las televisiones del mundo. A ninguno de ellos les importó conceder una entrevista, hablar para la prensa o ser la portada de algún periódico. A todos, menos a uno. A Nicky Salapu, el portero, le dio por desaparecer del mapa. Se lo había tragado la tierra. Leer el resto de esta entrada »