De Wembley 1973 a Wembley 2008

6 02 2008

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[por Rubén Uría]

Nació en Pieris, Gorizia, un 18 de junio de 1946. Tuvo una infancia feliz, fue un buen estudiante y siempre tuvo un sueño, llegar a ser, algún día, jugador de la selección italiana. Hijo y sobrino de futbolista, empezó a destacar en la filas del modesto Spal de Ferrara, su primer club. Por aquel entonces tenía sólo 17 años, y detrás de su aspecto de galán, de su mentón protuberante y de su pelo ensortijado, se adivinaba una capacidad espectacular para mandar en el centro del campo. Aquel chaval tenía descaro, un excelente dominio de la táctica y un sentido un tanto militar del juego. No tenía el pie de seda, no era un virtuoso del regate y tampoco tenía excesiva llegada en el área contraria, pero manejaba a la perfección el tempo de los partidos y era de los que brillaba en la sala de máquinas. Suficiente aval como para que un grande de Italia, la Roma, llamara a su puerta. Corría el año 1967, y en la escuadra romana se hizo con un puesto en el once titular nada más llegar, jugando 62 partidos y anotando 11 goles, una cifra nada desdeñable para un tuttocampista, porque eso era aquel ragazzo italiano, un todocampista. Su vida cambió en 1970. La Juventus de Turín tenía excelentes informes sobre él, y la Roma accedió a su traspaso después de una dura negociación con la familia Agnelli, los dueños de La Vecchia Signora. Allí, imponiendo su manu militari en el centro del campo, pasó seis años de su vida, con un saldo de 165 intervenciones como eje del centro del campo bianconero. Fue básico en los tres scudettos de su equipo, en 1972, 73 y 75, y se convirtió en el medio más sutil de toda Italia, donde llegó a ser definido por la prensa de la época como ‘El arquitecto’. Precisamente esas virtudes fueron las que le catapultaron al Milán, donde lograría alzar una Copa de Italia y otro scudetto, y las que le permitirían alcanzar su sueño desde que era un crío: Defender la camiseta de la selección italiana. Leer el resto de esta entrada »





Sir Matt Busby, entre tierra y cielo

6 02 2008

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[por Rubén Uría] [Foto: Archivo Manchester Utd.]

Hubo un antes y un después para el fútbol después de la tragedia de Munich. Hubo un antes y un después para el Manchester United después de que su avión se estrellara sin remisión con una casa colindante en Munich, un 6 de febrero de 1958. Y hubo un antes y un después en la vida de Matt Busby, después de aquel trágico accidente aéreo a las tres del mediodía de un frío jueves. En el vuelo 609 de la BEA habían perdido la vida 24 personas. Cuando Matt Busby, manager general de Los Diablos Rojos, recobró el conocimiento en el hospital alemán de Rech de Isar, tuvo noticias de la muerte de ocho de sus futbolistas [Bent, Byrne, Colman, Jones, Pegg, Whelan, Taylor y el mítico Duncan Edwards] y habían perdido la vida tres miembros de su cuerpo técnico [Whalley, Crikmer y Tommy Curry]. El cielo se desplomaba sobre la cabeza de Busby, que se hallaba en el interior de una cámara de oxígeno, todavía dolorido por sus heridas, acompañado de una enfermera alemana que le agarraba la mano. Fue allí cuando, postrado en una cama, Busby comenzó a darle vueltas a la cabeza para intentar comprender los extraños caprichos de su vida. Su padre y sus tíos habían sido asesinados en la Primera Guerra Mundial por los alemanes cuando él sólo tenía seis años de edad. Por aquel entonces, dos sentimientos copaban el corazón del pequeño Busby: su pasión por el fútbol y el odio hacia los alemanes. Fue durante esas horas agónicas cuando, con casi cincuenta años, Busby alzanzó a comprender el maravilloso milagro de la vida. Los alemanes que habían acabado con la vida de sus seres queridos años atrás, eran tan alemanes como los que se multiplicaban en un hospital de Baviera para salvarle la vida a él y al resto de la expedición del Manchester United. Aquella paradoja fue una lección para Busby. Después de una desgarradora alocución radiofónica para tranquilizar a toda Inglaterra, Matt Busby se juramentó en Munich. El sufrimiento de los Busby Babes no habría sido en balde. Reconstruiría, piedra sobre piedra, aquel gran equipo. Leer el resto de esta entrada »