San Castilho, el daltónico del Fluminense

30 01 2008

castilho.jpg

[por Rubén Uría]

Se llamaba Carlos José Castilho, pero sus amigos y familiares le conocían con el apodo de ‘Leiteira’ [vocablo de la jerga brasileña cuyo significado equivale a persona afortunada, a la que le acompaña la suerte o que tiene repetida potra.]. Pasaba del metro ochenta, era recio, espigado, de rasgos afilados, porte serio y unos brazos extremadamente largos. Su historia de amor con la pelota comenzó en el modesto Olaria de Río de Janeiro, donde llegó a jugar como extremo izquierdo, aunque después de unas cuantas actuaciones poco convincentes, alguien convenció a ‘Leiteira’ Castilho para que probara como portero, una profesión de riesgo para cualquier brasileño que se precie de serlo. A partir de ese día, Castilho escogió ser portero. O mejor dicho, la portería le escogió a él. Y no le fue precisamente mal como ‘goleiro’, porque defendió la meta del Fluminense con éxito durante 702 encuentros y llegó a mantener a cero su portería en 252 ocasiones, una marca sólo al alcance de un superdotado. Comenzó su andadura en el Flu en 1947, y poco a poco, se fue fraguando como un portero al que había que abrir paso en el primer equipo. Lo que nadie conocía era que Carlos José Castilho era daltónico. Confundía el verde y el rojo, algunas veces las pasaba canutas para distinguir las camisetas de unos y otros y tenía serios problemas de visión si la luz del sol no era demasiado intensa. Por eso, parecía un auténtico milagro que Carlos José ‘Leiteira’ Castilho resultara un meta ágil, con unos reflejos tan extraordinarios que frenaba en seco los avances del enemigo, llevando la contraria a las leyes de la lógica y a los oftalmólogos. Salía al campo con su jersey de cuello vuelto color ceniza, atrapaba unos cuantos balones y solía dejar su portería a cero. Increíble, pero cierto. Leer el resto de esta entrada »





Greaves, pionero del Drink Team (II)

30 01 2008

jimmy_greaves.jpg

[por Rubén Uría]

La etapa de Jimmy Greaves en la selección inglesa también fue una travesía por el camino del exceso. Santo y seña de la delantera inglesa, brilló con luz propia en el Mundial de Chile, en 1962, donde no sólo fue una de las estrellas de los ‘pross’, sino que protagonizó una de las anécdotas más famosas de la historia de los Mundiales. Ocurrió en el encuentro frente a Brasil, que contaba con el talento de O Rei Pelé y Mané Garrincha. Aquella tarde, un perro se coló en el césped en mitad del encuentro. El marcador estaba empatado y se respiraba incertidumbre por ambos bandos, que tenían prisa por expulsar al inesperado intruso para volver al partido y conseguir la victoria. El árbitro paró el encuentro y persiguió al perro, de nombre Bobby, pero no tuvo demasiado éxito. Después fue Garrincha el que, en dos esprints, quiso persuadir al can para que abandonara el césped. Después de cinco minutos de persecución baldía, Jimmy Greaves se dio cuenta de estaban utilizando una estrategia equivocada. Así que hizo algo insólito. Se puso a cuatro patas, se dirigió al perro y empezó a mover la cabeza de un lado a otro, imitando todos y cada uno de los movimientos del animal. Un método poco ortodoxo que provocó las risas del público que, atónito, asistía a la imitación de Greaves. El bueno de Jimmy logró su propósito, engañó al perro y lo sacó del campo ganándose la ovación de todo el estadio. Al volver al terreno de juego, Jimmy comprobó que el perro le había orinado toda la camiseta. Se detuvo durante unos segundos, miró su empapada zamarra y pensó que aquello era un mal augurio. Tenía razón, Inglaterra perdió contra Brasil y fue eliminada. Leer el resto de esta entrada »