El silencio de los corderos
13 06 2007Hannibal Lecter es un célebre personaje de ficción, creado por Thomas Harris, que se da a conocer en la novela Dragón Rojo (1981), y que fue inmortalizado en El silencio de los corderos en la versión cinematográfica de Jonathan Demme), para culminar en Hannibal (1999). Encarnado por Anthony Hopkins, ganador de un Óscar, el erudito doctor Lecter emerge como un psiquiatra psicópata, genio desequilibrado, certero gastrónomo y contumaz caníbal. Servidor recuerda, con fotográfica memoria, como los escarmentados y avezados agentes del FBI solían colocarle a Lecter una camisa de fuerza, unas cadenas y una especie de careta facial que cubría las mandíbulas de Hanníbal El Caníbal. Es una lástima que esos agentes ficticios del Federal Bureau Investigation no anden sobrados de una buena remesa de caretas para algunos personajes del fútbol español.
Se busca mordaza, o en su defecto, careta, con urgencia, para Ramón Calderón. Acaso socio fundador del Club de la Incontinencia Verbal, el presidente del Real Madrid se erige en principal candidato a ocupar la camisa de fuerza de Lecter. Su amago de vuelta olímpica fue evitable, amén de los nervios, y su gesto no estuvo a la altura del club que preside. Gesto humano, pero reprobable. Otra careta facial de marras vendría bien para Cruyff. Habla más que un sacamuelas, y sigue feliz de haberse conocido. Ha pasado de odiar al entorno, a ser el entorno que odia. Y con este no hay FBI que valga. Les das la mano y te come una pierna. Sin anestesia. Para Lopera también valdría ración doble de máscara. Echar a un entrenador, a falta de una jornada para el final, es un evidente síntoma del canibalismo latente de Don Manué. De Luis Fernández no han quedado ni las raspas.
Uno que no cocina sesos, pero que silencia como cordero, es Angel María Villar. El drama de Ángel María no pasa por su manía de rajar, ni tampoco es sospechoso de haber clavado sus incisivos en el cuello de cualquier transeúnte (al menos, hasta ahora). Su trauma es que cada día se asemeja más a Harpo, el hermano Marx que era mudo. Ése es su problema. Javier Tebas ha denunciado que existen las primas. Suker reconoce que las cobró en su día. El Granada 74 ha comprado su plaza. El Cádiz podría sufrir otro desembarco. Los árbitros cometen errores impunes. Iturralde deja mal herido al Sevilla y su premio es una final de Copa. ¿Qué hace Villar? Pues se queda mudo. ‘¿Han parado ya de chillar los corderos, Clarice?’ Pues no. Chillan cada vez más. El fútbol español se ha convertido en una cloaca pestilente, pero eso no va con Villar. Sigue siendo residente (sí, con r) de la RFEF. Sigue pronunciando ‘fulbol’ (sí, con l). Sigue aplicando su teoría del absurdo. Como si no costara. No me chilles, que no te veo.
















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