Sevilla y Espanyol, como en ‘Los inmortales’

15 05 2007

Glasgow (Glaschu en gaélico, o Glesca en escocés coloquial) es la mayor ciudad de Escocia y la tercera del Reino Unido después de Londres y Birmingham; además, es el área de autoridad unitaria más populosa. Está situada a las orillas del río Clyde en las lowlands del centro-oeste de Escocia. Hasta esas tierras legendarias, agrestes y salvajes, acuden dos gigantes españoles. De un lado, se alza el telón y aparece el Sevilla, actual campeón. Del otro asoma un challenger, el Espanyol, al que la historia del fútbol le debe una disculpa por la tragedia en Leverkusen. Chocarán en Hampden Park, aquel estadio que se rindió a las cabalgadas eléctricas de Gento en los cincuenta. En el mismo escenario escogido por Zinedine Zidane para inventar el latigazo cósmico que supuso una Copa de Europa. Será en Glasgow. Cerca del hogar del personaje de ficción Conner McClaw, del clan de los McClaw, que aprendió el noble arte de la espada de manos del acero toledano de Ramírez, encarnado por Sean Connery. Será un partido a vida o muerte en las tierras de Los Inmortales. La tierra donde sólo puede quedar uno.

Eléctrico, áspero, autómata y sobre todo, militarizado, el Sevilla acude a su cita europea con los laureles del campeón. Bajo palos se sitúa Homero en pantalones cortos (un español llamado Andrés Palop). Por delante, una línea maginot: Javi Navarro (el martillo) y Dragutinovic (el yunque); en bandas, Castedo (la hormiga atómica) y Dani Alves (la locomotora de Juazeiro). En mediocampo póker de ases. Poulsen (el acorazado vikingo), Maresca (El violín italiano), Adriano (la anguila brasileña) y Jesús Navas (el ángel de Los Palacios). En vanguardia, los tanques: Luis Fabiano (el zombi de madera) y Kanouté (la jirafa con dentadura de león). El ejército lo arma Juande Ramos, un experto en tácticas militares. En el palco, José María Del Nido, un Homeini del sevillismo.

Sobrio, organizado, fibroso y sobre todo, audaz, el Espanyol acude a su cita europea reclamando esos laureles que la historia le birló en Alemania. Como último hombre se encuentra Gorka Iraizoz (el capricho de Clemente). Por delante, Chica (El clon del Canto del Loco), Torrejón (las cadenas), Jarque (el candado) y Lacruz (un veterano de Vietnam). Por delante, Moisés (el zapador), Rufete (la bala de Benejúzar), Zabaleta (el Pablo perico) y De la Peña (el pie delicado y la calva zen). Arriba, para matar, dos asesinos silenciosos. Luis García (el sidrero del gol) y Tamudo (el jugador franquicia). Esperando chance, Coro (el cuchillo) y Pandiani (el rifle). Al frente de las tropas, Ernesto Valverde, un ganador de perfil bajo. En el palco, Dani Sánchez Llibre, un presidente en conserva.
Posdata: Ramírez se lo inculcó a McClaw en Los Inmortales: En un duelo a espada, al final, sólo puede quedar uno. Sea cual sea, el mundo se detendrá en Glasgow. Sevilla y Espanyol se vestirán con traje de luces. Quieren ser toreros ante los hijos de Escocia.


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