Cuate, aquí hay tomate
12 03 2007DESDE EL DOBLETE- del que todos los atléticos terminamos acordándonos aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid-, el Atlético de Madrid afronta, con más pena que gloria, su particular travesía del desierto. Primero fue Luis Aragonés. Ascendió, y cumplió. Luego dudó y se marchó. Por cierto, entonces también amenazó con marcharse. Cobró. Luego llegó Goyo Manzano. Trabajó y convenció, pero se quedó fuera de Europa in extremis y se tuvo que marchar. Después llegó César Ferrando. Humilde y trabajador, pero corto de luces en un grande. Se marchó de regreso a Albacete. El penúltimo fue Carlos Bianchi, el profesor, que recibió tantos abrazos al llegar como puñaladas al marcharse. También cobró. Y fue un ojo de la cara. El último fue Pepe Murcia, un producto de la casa que terminó abrsorbido por su propio ego al asegurar que ’se merecía renovar’. ¿De verdad que el cáncer del Atlético han sido los entrenadores? El último de la fila se llama Javier Aguirre. Otro que tendrá la culpa de todo si no se llega a Europa.
TRIUNFAR DONDE SE HA FRACASADO. El Atlético era un grande que sigue caminando torpemente, con muletas, y que de de vez en cuando se empeña en tener bruscas recaídas en su juego. Su historia, su afición y su peso espécífico exigen jugar en Europa, y por eso ficharon a Aguirre. No le trajeron para contar chistes - a pesar de que los cuenta con gracia-, ni para congraciarse con el público con cambios políticamente correctos, ni para reírle las gracias a Miguel Ángel Gil, ni tampoco vino para ser la marioneta de García Pitarch o de Enrique Cerezo. Vino para jugar en Europa. Para triunfar donde fracasaron Luis, Manzano, Ferrando, Bianchi y Murcia.
BASURA SOBRE AGUIRRE. Se le ha arrojado a la cara el mal juego del equipo - con cierta razón-, se le ha cuestionado su gestión del centro del campo - con cierta razón-, le han puesto en solfa sus sistemas tácticos - con cierta razón- y se le ha criticado por no sacar de inicio a Agüero - también con cierta razón-. Sin embargo, Aguirre, atenazado por la presión y la urgencia de entrar en Europa, es un veterano de Vietnam en el arte de convencer con la palabra. Su gestión y su pizarra pueden tener fisuras, pero su discurso convence por sentido común y por aplastante lógica.
20 SEMANAS EN EUROPA. Le ficharon un centro del campo con calidad por las alas y mucho gol, pero no le trajeron nada cuando se lesionaron Maxi y Petrov (unos 15 goles entre ambos al año). Le prometieron una plantilla amplia y de cierta maniobra en el banquillo, y Aguirre aguanta el tipo con 14 jugadores de campo. El cuerpo técnico le instó a tirar de la cantera, y Aguirre contesta con datos: echen un ojo al estado vital de Atlético B y Atlético C. Ambos están en descenso directo. Le esparramaron por la cara que el Atlético no sabía ganar en el Calderón, y el equipo ha ganado los dos últimos partidos. El mexicano es, en definitiva, un entrenador que siembra ciertas dudas, pero que convence con la fuerza y el peso de los argumentos.
AQUÍ HAY TOMATE. No hace falta ser muy listo para saber que Aguirre saldrá bien o mal librado dependiendo de que consiga la meta europea. No tendrá término medio. Si llega la Champions, Cerezo y los Giles le harán un busto marmóreo como en su día con Pantic, para adornar el hall del estadio. Si llega la UEFA, parte de los disidentes de la Junta tendrán que tragar la opción mexicana y quizá Cerezo vuelva a rascarse el bolsillo y le traiga a Quaresma. Pero si en el Manzanares no huele a Europa a final de temporada, el mariachi del Atlético entonará el ‘cuate, aquí hay tomate…’. Por cierto, si la nave no llega a buen puerto… ¿Qué culpa tendrán los dirigentes?
















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