Münich y la caja negra de Capello

7 03 2007

Heroísmo sin cabeza. El Madrid acabó como los héroes una eliminatoria que jugó siempre sin cabeza. Reculó en Madrid y no supo defender en Münich. En ambos partidos acabó sucumbiendo ante el peso de una pésima defensa. En Alemania, el Madrid acabó tan sobrado de casta y heroísmo, como de errores propios. El Bayern se limitó a vivir del fallo ajeno, y con eso le bastó. Roberto Carlos todvía está pensando en cómo un rival les pudo hacer un gol en sólo 15 segundos…Una losa demasiado pesada para los de Capello.

La caja negra de Capello.
Llegó como resultadista y morirá resultadista. El avión blanco ha pasado por turbulencias, tormentas, fallos de motor y aterrizajes forzosos. Anda el madridismo en ascuas por conocer qué verdades del vestuario encierra la caja negra de Capello, y después de pasar por el Camp Nou, más de uno piensa que el domingo llegará el infausto día. El italiano no cumplirá condena después de Münich, seguirá manteniendo al enfermo con respiración asistida y enfilará el corredor de la muerte en Barcelona. De momento sigue en estado de prisión atenuado, acusado de practicar un fútbol miserable, pero con estricta e inquebrantable fe en sus principios. Lo feo es útil. El problema de Fabio es que más tarde o más temprano, su cabeza no estará encima de los hombros. Su Boeing 747 ha sufrido demasiado. El tiempo juzgará. Su caja negra tiene fecha.

Yo soy Bea. Por si alguno no anda al día les cuento que Telecinco armoniza (o demoniza) las sobremesas de au audiencia con un culebrón rosa español ‘Yo soy Bea’, cuyo hilo argumental es la imposible historia de amor entre Don Álvaro (guapo, adinerado y alocado), y su secretaria Beatriz Pinzón (pobre, fea y pasada de moda). La serie va por el capítulo tropecientos, aunque todo hijo de vecina deduce que el culebrón termina como los cuentos, con final feliz. El lema de la serie es ‘Feos, somos más’. Es decir, la señorita Bea y su jefe terminan felices y comiendo perdices. Y resulta que el fútbol del Real Madrid es demasiado parecido al personaje de Beatriz Pinzón. Abnegado, sacrificado, gris, apocado, feo y soso. A pesar de Calderón. De Mijatovic. De Capello. A pesar del vestuario. Y a costa del socio madridista, que desde el principio intuía que no sería fácil pasar de ser ‘galácticos’ a ‘feonautas’. En lo único que difieren Bea y el Madrid es en la solución de su fealdad. Bea terminará afeitándose el entrecejo, depilándose las piernas, retocándose el escote y poniéndose lentillas. Al Madrid su lifting le saldrá algo más caro. Echar a Capello o afeitarse el entrecejo, costará dos mil millones de pesetas. Buscar compradores para Cannavaro, Diarra y Emerson - depilarse las piernas- será buscar una aguja en un pajar. Retocarse el escote, es decir, pagar el psiquiatra de Robinho y Reyes, no va a ser gratis. Y dar seriedad al club - cambiar las gafas por las lentillas-, será una operación tan costosa como necesaria: devolver la ilusión al socio. Insisto, en Telecinco, Don Álvaro y Bea se casan. Pero ya se sabe que la ficción siempre supera a la realidad…

Sin gloria. Murió el Bayern todopoderoso de los setenta. Dejó de latir el de los ochenta. Pocos recuerdan al de los noventa. El actual deja pocos resquicios para creer en cotas de gloria como las que alcanzaron sus predecesores. Pero mantiene intacta la filosofía germánica: físico, fuerza, presión, disparo lejano, empuje y persistencia. No subyace en ningún rincón del Allianz un tributo a la determinación de Rummenigge, al mando de Beckenbauer, al gol de Müller, al talento de Matthaus, al gafe atlético de Schwarzembeck, al tronío de Aüghentaler, al carácter de Effenberg o a la sobriedad de Sepp Maier. Cualquier tiempo pasado fue mejor en Münich. Pero eso jamás será consuelo posible para un Real Madrid roto, desfondado, hundido y con el barco a la deriva. No hay peor derrota que la de haber caído con la cabeza bien baja y ante un equipo sin gloria.

PD: Al Camp Nou, el Madrid acudirá con su infantería hambrienta, cansada y dolorida. Acudirá sin caballería, diezmada y batida en retirada. Y Capello estará en Barcelona como Custer en Little Big Horn. Solo. Muy solo. Expuesto a una carnicería.